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Hacia las cero emisiones

El sector del automóvil vive unos años de profundo cambio, provocado más por las sanciones internacionales que por los propios constructores, pendientes siempre de obtener el máximo beneficio. Las nuevas tecnologías han cambiado la forma de conducir. Ahora los coches se mantienen automáticamente dentro del carril, aparcan solos, obedecen nuestros comandos de voz, frenan por nosotros cuando se nos cruza un señor con el carro de la compra… Todas estas ayudas a la conducción están muy bien, pero a nosotros nos interesa saber cuáles son las medidas que se están tomando para reducir las emisiones contaminantes y frenar el calentamiento global.

La comodidad de los asientos, la potencia del motor, el aire acondicionado, el precio y el tamaño del maletero han dejado de ser los únicos factores en los que se fijan los usuarios. El consumo de combustible, las emisiones, la etiqueta de la DGT, la disponibilidad de estaciones de repostaje, las ayudas económicas y el ciclo de vida del vehículo son características que pueden cambiar totalmente la funcionalidad del coche. Las alternativas son cada vez más numerosas y es comprensible que después del dieselgate de Volkswagen no te fíes un pelo de lo que te cuentan las marcas. En SHIFT queremos que tomes una decisión informada, rentable y lo más amigable con el medio ambiente posible en la adquisición de tu próximo vehículo. Así, ganamos todos.

¿Qué opciones hay disponibles?

A grandes rasgos, hoy existen en el mercado seis clases de combustibles capaces de propulsar un motor. Los coches de gasolina y diésel siguen siendo los más populares, con una cuota de mercado en España del 60,1% y el 27,9% respectivamente. Los propulsores alternativos en su conjunto se quedan en el 12%, aunque su cuota creció considerablemente respecto a 2018, cuando ocupaban el 6,8% del mercado. En este tercer grupo se incluyen los coches eléctricos, de gas natural licuado o comprimido (GNL y GNP), gas licuado de petróleo (GLP) y de hidrógeno, sector en el que de momento solo hay tres modelos en el mercado, el Hyundai Nexo, el Honda Clarity y el Toyota Mirai, aunque se espera que el abanico de posibilidades aumente en el futuro, para que no tengan que tirar del carro ellos solos. 

Las etiquetas de la DGT

Es posible que hayas empezado a ver etiquetas pegadas en los parabrisas de los coches, en las que se puede leer “0”, “ECO”, “C” o “B”. Se trata de los distintivos ambientales de la DGT que se pueden adquirir por cinco euros en su web oficial. De momento, solo son necesarios para circular por Madrid, pero pronto lo serán también para Barcelona (estaba previsto que la zona de bajas emisiones entrara en vigor el 1 de abril, pero se retrasó por la crisis del coronavirus). Las ciudades con altos niveles de contaminación se irán sumando en los próximos años, cada una a su ritmo. Ahora mismo, por ejemplo, si quieres circular por Madrid Central y no eres residente, necesitas un vehículo con etiqueta “0” o “ECO” y si quieres acceder a un parking o garaje, te sirve con la etiqueta “B” o “C”. Si no tienes etiqueta, ya te puedes ir olvidando de circular por la capital. Con este sistema se pretende alejar a los vehículos más contaminantes del centro de las grandes ciudades. Por ello, si te interesa circular por el centro de Madrid, deberás comprar un coche con la etiqueta “0”. Si no, de momento, no hay grandes diferencias entre distintivos.

¿Qué coches reciben estas etiquetas?

Esta clasificación aspira a ordenar los vehículos de más a menos contaminantes, pero aún hay aspectos a mejorar. Uno de los temas más controvertidos es el de los híbridos enchufables, que pueden circular en modo 100% eléctrico o en modo gasolina, a gusto del conductor. Si se escoge el modo eléctrico, no contamina. El modo gasolina perjudica al planeta tanto o más que un vehículo con la etiqueta “C”, pero goza de los privilegios de los “0 emisiones”. La estafa está garantizada, ya que no hay manera de controlar en qué modo van los coches que entran en las zonas bajas de emisiones, por lo que alguno aprovechará para entrar con su Ferrari en modo gasolina y contaminar lo mismo que cinco coches con etiqueta “C” juntos. En Shift no lo respaldamos.

 

¿Se acerca el final de la gasolina y el diésel?

Sí y no. Es cierto que se están tomando medidas para empujar a los fabricantes a vender coches más amigables con el medio ambiente y se esperan medidas más restrictivas para para el diésel y la gasolina en el futuro, como mayores impuestos de matriculación, restricciones de circulación, etc. A partir de este año los fabricantes se enfrentarán a sanciones multimillonarias en la Unión Europea si la emisión media de CO2 de los vehículos vendidos supera los 95 gramos por kilómetro, cifra de la que actualmente se alejan mucho. Para alcanzarla, están usando triquiñuelas como retener los coches eléctricos vendidos en 2019 y entregarlos en 2020, o que los concesionarios compren vehículos eléctricos para sus empleados. No faltarán ofertas y promociones para aquellos particulares que deseen adquirir un coche bajo en emisiones a final de año, cuando los fabricantes necesiten ajustar sus cuotas de emisiones. Las multas suenan bien para nuestro planeta, pero de nuevo vienen con trampa, ya que los coches de menos de 50 gramos de CO2 por kilómetro computan doble a la hora de hacer el balance.

Comprar un coche de gasolina o diésel nuevo sigue siendo una buena opción. De hecho, es posible que se encarezcan si los reguladores empiezan a aumentar los impuestos de matriculación de estos vehículos. Calma, porque vas a poder seguir circulando sin problema durante los próximos diez años y seguro que contamina menos que tu viejo vehículo, sobre todo si tienes un diésel anterior a 2014. El planeta te lo agradece. Los motorizadores en los últimos años han mostrado una tendencia a construir propulsores de cilindrada cada vez más pequeña, pero de inyección directa y turboalimentados para reducir al máximo el peso y el consumo sin perder potencia, proceso denominado downsizing. Además, los motores diésel se han vuelto más limpios y son capaces de filtrar muchas de las sustancias contaminantes que los criminalizaron. La gasolina y el diésel siguen siendo los reyes del mercado y los que cuentan con más puntos de repostaje. Parece que para ellos también es posible la redención. 

A todo gas

Los vehículos de gas gozan ya de un amplio asentamiento en España y, aunque no son tan limpios como los eléctricos, producen menos emisiones de CO2 que los gasolina y diésel. Por ello, gozan de la etiqueta “ECO”. Los motores de gas funcionan de una manera similar a los de gasolina y diésel, se impulsan mediante la combustión de gas. Eso sí, son más silenciosos y el combustible es más barato. Existen dos alternativas: el gas natural y el gas licuado del petróleo. El gas natural es el mismo que nos encontramos en nuestros hogares, compuesto mayoritariamente de metano. En los vehículos nos lo podemos encontrar comprimido (GNC) o licuado (GNL). La primera opción es la más habitual en turismos y el Grupo Volkswagen está apostando fuerte por ella, mientras que la segunda, al gozar de gran autonomía, suele utilizarse en vehículos que recorren largas distancias como camiones y barcos. Actualmente, hay 81 estaciones de GNC en España, aunque próximamente abrirán 32 más. Si vas a comprarte un coche de GNC, deberías mirar el mapa de estaciones de repostaje antes, no vaya a ser que te dejes los oros y no haya una cerca de tu casa o trabajo. También se puede comprar un compresor de gas y llenar el depósito en casa. Si siempre has querido tener un compresor de gas, pero no tenías motivos, es tu momento. 

El gas licuado del petróleo o GLP, por su parte, está compuesto de butano y propano y nace de la destilación del petróleo. Esto supone una desventaja respecto al gas natural, ya que en el caso de España es necesario importarlo de otros países. También es más pesado. A cambio, tiene mayor capacidad de combustión y de entrega de potencia y cuenta con más de 600 estaciones de repostaje en España y mayor variedad de modelos a la venta. Tanto los coches de GLP como los de GNC son más caros que los de gasolina, ya que hay que pagar la instalación del sistema. Sin embargo, el menor precio del gas los hace más rentables a largo plazo. En teoría, el gas es menos dañino para el motor que la gasolina o el diésel, pero lo habitual es que los turismos de gas cuenten con dos sistemas: uno de GNC o GLP y el otro de gasolina o diésel, por lo que el mantenimiento es más tedioso, al igual que el de los híbridos. 

¿Qué es eso de los coches de hidrógeno?

Son como los billetes de 500 euros, pocos españoles los han visto en persona. Carlos Merino, Jefe de la Unidad de Aplicaciones del Centro Nacional del Hidrógeno (CNH2), nos confirma que sí, que existen (los coches de hidrógeno, los billetes no hemos podido confirmarlo) y además cuentan con unas características que los convierten en una opción interesantísima y con mucho potencial. “Hay dos formas distintas de utilizar el hidrógeno para propulsar vehículos. Se puede recurrir a la combustión, en cuyo caso el motor funciona de manera similar a los tradicionales de gasolina y diésel y emite óxido de nitrógeno. Sin embargo, la opción más interesante y en la que el CNH2 está trabajando es la de la pila de combustible, que consiste en alimentar un motor eléctrico con energía creada a partir de la reacción electroquímica entre el hidrógeno y el oxígeno. En este caso, lo único que se emite por el tubo de escape es agua”, explica Merino. Se trata, por tanto, de un vehículo eléctrico, ya que el motor se mueve por electricidad. Es común usar el término “eléctrico” para referirse solo a los coches de batería, pero es un error. Lo que diferencia a unos de otros es la fuente de electricidad.

¿Son mejores los de hidrógeno que los eléctricos de batería?

El medioambiente ansía que el eterno debate entre la gasolina y el diésel se convierta en el debate entre la batería y la pila de combustible. “Son dos opciones que se complementan. Es probable que veamos ambas soluciones compartiendo carretera en el futuro. Cada consumidor decidirá cuál de las dos le conviene”, asegura Merino. Son varias las ventajas que presentan los vehículos de pila de hidrógeno. La primera es su forma de repostaje, similar a la de los coches de gasolina o diésel. Basta con acudir a una hidrogenera, introducir la manguera de hidrógeno en el depósito y, entre 5 y 8 minutos después, el coche estará listo para recorrer alrededor de 600 kilómetros, una autonomía bastante superior a la de los turismos 100% eléctricos de la actualidad. “Los coches de batería, en el mejor de los casos, tardan entre veinte y treinta minutos en cargarse con un sistema de carga rápida, que es agresivo para la batería ―argumenta el jefe de la Unidad de Aplicaciones del CNH2一. El problema es que para repostar hidrógeno hace falta acudir a una hidrogenera, mientras que los coches de batería se pueden recargar en el enchufe de casa por la noche”. Otra ventaja es su ligereza. El peso de las baterías es un problema, especialmente en vehículos más pesados como camiones o autobuses, para los que se requiere baterías de gran tamaño que aumentan su tonelaje. Esto no ocurre con las pilas de combustible. Cuanto más grande y pesado es el vehículo, más ventajoso es el motor de pila de hidrógeno. Además, son tan silenciosos como los eléctricos.

Las hidrogeneras son posiblemente el mayor hándicap hoy para los coches de hidrógeno en España, ya que solo hay tres hidrogeneras funcionales, en Albacete, Huesca y Puertollano, junto al Centro Nacional del Hidrógeno. Como explica Merino, ahora mismo no es rentable comprarse un coche de hidrógeno en España porque no hay hidrogeneras suficientes, al igual que no es rentable abrir una hidrogenera, ya que no hay demanda. Lo que se está haciendo actualmente para impulsar su creación es utilizar las llamadas “flotas cautivas”. El objetivo es que vehículos que realizan un mismo recorrido constantemente por motivos empresariales, utilicen motor de hidrógeno y puedan repostar en los dos destinos. De esta manera, se van creando rutas con una hidrogenera en cada extremo y poco a poco la red va creciendo. “Próximamente se abrirá una nueva en Madrid”, señala Merino. “Ahora mismo es demasiado pronto para comprar un coche de pila de combustible en España, pero en Japón, Alemania, Francia o California la cosa cambia. Allí tienen muchas más estaciones de repostaje y no es raro ver un coche de pila de combustible en la calle”, destaca.

¿De verdad  no contaminan?

Tanto los vehículos de pila de combustible como los de batería no contaminan de por sí, no producen emisiones dañinas para el medio ambiente cuando se mueven. Sin embargo, sí pueden producir emisiones para obtener la electricidad o el hidrógeno del que luego se nutren los motores. “Las emisiones de los coches electrificados son diferentes en cada país. Si los recargas en Francia, por ejemplo, la electricidad proviene en su mayoría de centrales nucleares. Lo ideal sería que proviniera de energías renovables, en cuyo caso no se produciría ningún tipo de contaminación. Sin embargo, eso todavía no es posible”. El hidrógeno se puede obtener de combustibles fósiles, especialmente del gas natural, proceso en el que se producen emisiones contaminantes, o mediante la electrólisis, que consiste en separar el hidrógeno del oxígeno en el agua. Esa agua regresaría a la atmósfera en forma de vapor una vez suceda el proceso inverso en la pila de combustible, por lo que estaríamos hablando de un combustible infinito. Sin embargo, para hacer funcionar el electrolizador es necesario el empleo de la electricidad, que, de nuevo, puede proceder de energías renovables o combustibles fósiles.

¿Qué nos puede deparar el hidrógeno en el futuro?

Otro punto a favor de los coches de hidrógeno es que pueden alimentarse con un producto local. “Podemos producir hidrógeno en nuestro propio país, no necesitamos importarlo de otras naciones como en el caso de la gasolina o el diésel”, señala Merino. Además, esta tecnología se podría aplicar en el futuro a autobuses, trenes, camiones, barcos… “Verlo en un avión todavía no es factible, pero se está trabajando para que algún día sea una realidad”. Los tres turismos de pila de combustible que hay actualmente en el mercado superan los 60.000 euros, pero su coste se reducirá a medida que la producción aumente. El precio de llenar un depósito es similar al de un equivalente en diésel y gasolina. No suena mal, ¿verdad? Aún es pronto para conducir un coche de pila de combustible, pero ya puedes experimentar cómo sería tener uno gracias a la aplicación gratuita del CNH2 para móviles, Hy2Travel, que simula el funcionamiento de un vehículo de hidrógeno mientras conduces tu coche.

¿Qué hay de los coches eléctricos?

Los coches eléctricos de batería han llegado para quedarse y son cada vez más los fabricantes que optan por introducir en el mercado un modelo 100% eléctrico. Un mercado en el que Tesla es actualmente el rey, empresa presidida por nuestro venerado Elon Musk. Sin embargo, todavía están lejos de tener el mismo volumen de ventas que los gasolina y diésel. Según José Martín Echeverria, director de la División de Transporte y Energía del Ceit-IK4, el gran inconveniente de los eléctricos es su autonomía: “Los modelos más punteros del mercado, como puede ser un Tesla, tienen una autonomía máxima de entre 400 y 450 kilómetros, mientras que los tradicionales alcanzan entre 700 y 800 kilómetros por depósito con facilidad”. Además, los coches eléctricos siguen siendo más caros que los gasolina, aunque Echeverria confía en que con el tiempo las ventas aumenten, los componentes se abaraten y podamos ver vehículos por un precio de entre 18 000 y 20 000 euros, más asequibles para el consumidor medio.

¿Es más barato cargar la batería que llenar el depósito de gasolina?

Actualmente sí. Recorrer 100 kilómetros cuesta alrededor de dos euros, tres veces menos que un gasolina nuevo. Sin embargo, esto podría cambiar en el futuro. “Actualmente el Estado recauda mucho dinero con los impuestos sobre la gasolina y el diésel, mientras que las recargas eléctricas están libres de esos impuestos. Sin embargo, cuando la gasolina y el diésel sean minoritarios, necesitarán obtener el dinero por otras vías y los impuestos encarecerán llenar la batería de nuestros coches”, matiza Echeverria. La ventaja que tiene respecto a otras alternativas es que se puede cargar en nuestro garaje por la noche y tener las baterías al máximo al día siguiente, siempre que paguemos la instalación del punto de recarga. Claro que esto es un problema para quienes no tienen garaje, como Echeverria: “Me encantaría comprarme un coche eléctrico, pero me tendría que gastar 40.000 euros en adquirir un garaje”. Por lo tanto, si tu coche duerme a la intemperie, puede que el eléctrico no sea la mejor opción de momento.

¿Cuánto margen de mejora tienen?

Al contrario de lo que puede parecer, la tecnología de los coches eléctricos es ya madura. “El primer coche de la historia fue eléctrico y se ha investigado mucho a lo largo de los años”, recuerda Echeverria. “Con el tiempo las baterías ganarán algo de autonomía, serán más baratas y se cargarán más rápido, pero es difícil que lleguemos a ver un comportamiento similar al de los coches de gasolina, que con parar cinco minutos a repostar pueden recorrer 700 kilómetros”. Según Echeverria, el consumidor tendrá que cambiar de mentalidad: “Tendremos que acostumbrarnos a parar 20 minutos cada 250 kilómetros para cargar baterías. En cualquier caso, los expertos recomiendan a los conductores hacer pausas en viajes largos, por lo que no debería ser un problema. A cambio, tendremos coches más divertidos, con una entrega de potencia instantánea, más seguros para realizar adelantamientos, silenciosos, con menos vibraciones y más verdes. Conducir un coche eléctrico es una experiencia única”.

¿Por qué no juntar gasolina y electricidad?

Echeverria piensa que los fabricantes se han saltado un paso intermedio y por ello se han encontrado con una infraestructura de electrolineras, cargadores y consumidores que no están preparados para un cambio tan grande. “Han pasado directamente del gasolina al eléctrico, sin explorar el mundo de los híbridos. Hay algunas marcas, como Toyota, que llevan muchos años comercializándolos, pero la mayoría se ha saltado ese paso”. Los híbridos más habituales en el mercado son los híbridos en paralelo, en los que el motor eléctrico sirve como apoyo al de gasolina y se recarga en las frenadas, pero hay una clase de hibridación que no se ha explorado tanto y es igualmente interesante: la hibridación en serie. “Con la hibridación en serie el coche siempre lo mueve el motor eléctrico, pero cuenta con un pequeño motor de gasolina que sirve para recargar el eléctrico y consume muy poco, ya que gira a unas revoluciones constantes”. De esta manera no necesitamos buscar una electrolinera para cargar la batería, podemos llenar el motor de gasolina y este se encargará de cargar la batería. El único modelo que ha explorado este sistema es el Opel Ampera, que registraba unos consumos bajísimos y ahora es muy codiciado en el mercado de segunda mano.

¿Contaminan los coches eléctricos?

Tienen el mismo problema que los de hidrógeno, depende de dónde venga la energía. Si viene de energías renovables, no contaminan; si viene de una central nuclear, la cosa cambia. Lógica aplastante. Las baterías podrían suponer un problema, pero cuando pierden capacidad de carga, como las de los móviles, se pueden reciclar o reutilizar con otros fines. “Si el consumidor la cuida bien, manteniéndola entre el 20 y el 80% de su carga, puede durar quince años perfectamente y no necesita tanto mantenimiento como los motores de gasolina”, comenta Echeverria. En cualquier caso, la electrificación tanto de los turismos como de los transportes públicos está ayudando a reducir las emisiones, con proyectos como el accionamiento eléctrico de los aviones en tierra, en el que ha colaborado el Ceit-IK4.

Entonces, ¿qué me compro?

Pues todo depende de las necesidades que tengas y los recursos disponibles a tu alrededor (electrolineras, garaje, estaciones de gas…), pero, sobre todo, de tu presupuesto, aunque eso ya lo sabes. Si tienes garaje y usas mucho el coche en ciudad, eléctrico. Si quieres un coche más versátil y contaminar menos, un híbrido o de gas puede ser buena opción. Si no quieres complicarte la vida, un gasolina. Diésel para distancias largas… Siempre queda la opción de esperar a que los nuevos combustibles maduren y se asienten el mercado. Eso sí, no olvides que, si realmente no necesitas un coche, utilizar el transporte público, bicicletas, patinetes eléctricos y, sobre todo, caminar, siguen siendo las opciones más beneficiosas para tu bolsillo y nuestro planeta. Pero estos días, salvo por motivos de fuerza mayor, quédate en casa. Por favor.