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La educación en tiempos de coronavirus

La crisis del coronavirus ha dejado a cerca de 10 millones de estudiantes en España sin clases presenciales, lo que ha obligado a muchos centros educativos a adaptar su educación de un marco presencial a uno digital, gracias a la tecnología. Para entender mejor la situación, en Shift hemos entrevistado a personas involucradas en la actividad, trabajadores del colegio Gaztelueta en la localidad vasca de Leioa y de la Universidad de Navarra. Ibon Estrada, director pedagógico del primero, o Pepa Sánchez, directora de Calidad e Innovación del segundo, han tenido una labor fundamental para que la vida académica pueda continuar con una cierta normalidad. En un principio, Ibon Estrada y Pepa Sánchez cuentan que vivieron los días previos con nerviosismo ante lo que podía ocurrir. Describen la situación en los centros académicos como de incertidumbre: “No sabíamos lo que iba pasar. No sabíamos si se iba a cerrar nuestro campus de Madrid y si lo iba a hacer el de Pamplona”, señala Pepa. Aunque, como apuntó Ibon, la principal preocupación era la salud: “Nosotros somos responsables de un colegio donde hay muchos alumnos. En las familias había muchísima preocupación por tener personas en grupo al ser un centro. Muchos nos preguntaban a nosotros como si tuviéramos la solución. Nosotros transmitimos que estábamos a expensas de lo que dijeran las autoridades”.

¿Estaban los centros educativos listos para las consecuencias del estado de alarma?

Superada la sorpresa inicial, ambos centros empezaron a preparar protocolos de actuación para anticiparse a las necesidades que pudieran surgir durante la cuarentena. Las primeras actividades consistieron en sesiones de formación y elaboración de tutoriales, así como disposición de plataformas para alumnos y profesores. La responsable de la universidad pamplonesa cuenta que pasar a un escenario online fue “todo un reto” y que la situación también supuso un esfuerzo adicional por parte de todos los involucrados. “Gente implicadísima, servicios al 150%, en mi departamento trabajando doce horas diarias […] Los profesores muy abiertos ante esta situación e incluso alumnos dándonos las gracias”. Y añade: “Ahora estamos tranquilos, pero hemos pasado una tensión tremenda, no estábamos seguros de cómo la tecnología iba a responder. Tenemos una plataforma muy robusta, pero dado que es una pandemia y nuestros servidores están en Estados Unidos y con todos los centros conectándose simultáneamente, no sabíamos cómo iba a reaccionar”. Pero lo hicieron bien, igual que en el colegio vizcaíno. Ibon puntualiza: Si no tuviéramos la tecnología, nuestra labor hoy en día sería impensable. Estamos haciendo uso de una plataforma Moodle como repositorio de actividades, otras asignaturas funcionan con Google Classroom y hemos habilitado Google Meet para reuniones. Ahora nuestro colegio es virtual”.

¿Los profesores cómo lo llevan?

Para mantener la normalidad, Pepa cuenta que su objetivo fue buscar la tranquilidad de alumnos y profesores, al asumir que para los profesionales suponía un cambio. “Hemos intentado facilitar para ellos este cambio de un paradigma presencial a virtual”. Mientras argumenta: “Quizá no se haya podido hacer con todas las filigranas posibles con tan poco tiempo, pero mientras se hagan las cosas de la forma más profesional posible, todo está bien. Y si tú les dices esto de manera convincente, los profesores bajan la tensión”. Cuenta que incluso hubo docentes que quisieron retrasar el inicio de las clases para hacer bien el paso de lo presencial a lo online. Pero apunta, taxativa: “No se puede trasladar. Hay que adaptarse a esta nueva forma de docencia”. También afirma que “hay que hacer el entorno lo más amable posible y crear un sitio en el que los alumnos se sientan confiados”. De la misma forma, Ibon añade: “Probablemente lo que hay que hacer es dar las claves para que los alumnos entiendan lo que tienen que hacer. Ellos son capaces de hacerlo por sí mismos, para esto están internet y las tecnologías.  Los profesores deben dar un feedback adecuado y resolver problemas”.

Tanto para la Universidad de Navarra como para el colegio Gaztelueta, uno de los principales retos fue cambiar la mentalidad de los profesores. “No pueden tratar de empaquetar todo lo presencial y ponerlo online. Es cierto que es un poco desconcertante. Además, a algunos la tecnología les supera un poco”, explica la responsable universitaria. Pero ambos les reconocen el mérito: “Hay que tener en cuenta que han tenido cinco días para cambiarlo”, señala Pepa. Ibon añade: “Estamos muy satisfechos con los profesores. Y los alumnos también, es bueno porque sienten que estamos ahí. Es cierto que es otro formato de clase, controlas menos lo que está ocurriendo sin presencia directa pero creo que la mayor parte de centros lo hemos hecho bien”. Al final una consecuencia indirecta ha sido el cambio de la visión de mucha gente sobre la tecnología. “En mi departamento ya esperábamos que la tecnología nos ayudara, aunque entre los profesores no estaban todos de acuerdo. La mitad decían que sí y la otra mitad eran de la idea de clase presencial con mi Power Point y ya está”, cuenta Pepa, que también añade que la situación ha supuesto bonitas anécdotas: “Ves incluso profesores que tú dirías que no son tecnológicos diciéndote que ha sido increíble; cómo los alumnos que hacía días que no se veían han conectado”. Por otra parte, ambos coinciden en que los jóvenes a los que se les supone nativos digitales en realidad no lo son tanto: “Pueden ser expertos en Instagram o Twitter, pero, en lo que se refiere a clases online, se aprecia el mismo desconcierto e incertidumbre que los profesores. No han utilizado la tecnología en un contexto académico y profesional”. En ese sentido, Ibon reflexiona: “Hace falta un aprendizaje más profundo, que probablemente corresponda a los centros educativos”.

Las clases online, ¿más cerca?

En ambos casos, se muestran satisfechos con cómo se han ido desarrollando las actividades por medio de las plataformas online: “A mí me ha sorprendido lo bien que ha funcionado”, dice Pepa, que añade que, cuando todo esto acabe, “la mayoría de las asignaturas continuarán siendo presenciales, pero quizás se vean salpimentadas por varias sesiones online e, incluso, asignaturas totalmente virtuales para aquellos que se van de intercambio y no puedan hacer alguna asignatura que es muy de su interés. Esto va a suponer un antes y un después”. Aunque ambos recuerdan como en los diferentes centros ya se había debatido sobre la posibilidad de actualizarse utilizando las nuevas tecnologías, sin llegar nunca a un planteamiento definitivo. En ese sentido, Ibon, señala: “Este cambio es bueno para el sistema educativo. Es una manera de que esas prioridades de cambio, que estaban ahí pero nunca se acometían, se visualicen”. El director bilbaíno concluye: “Esto va a ayudar a hacer un uso real de la tecnología. Es también un salto de confianza, muchos nos estamos dando cuenta de que estamos preparados. No tengo ninguna duda de que, a partir de ahora, vamos a sacar más provecho de lo que la tecnología puede ofrecer”.

A todo esto, ¿los estudiantes qué opinan?

Por su parte, los alumnos, para quienes el cese de clases supuso una sorpresa, han tratado de acostumbrarse a la situación. Los estudiantes que están más satisfechos son aquellos cuyos profesores están sacando mayor potencial a la tecnología. Personas como María Fernanda Maldonado, de 21 años, estudiante de Bioquímica, quien señala que a ella le hubiese gustado poder ver a sus profesores por medio de plataformas como Google Meet. Pero, en su caso, cuenta que le están dando el contenido por correo. A diferencia de ella, Lucía Ferrer, de 20 años, estudiante de Periodismo, apunta: “Tengo tres clases por medio de videollamada y profesor. Tienen sus problemas como todos, pero estoy contenta. Es como una clase presencial”. Sin embargo, todos los entrevistados coinciden en que la situación no está siendo fácil y que lo peor es la tensión y la incertidumbre por la forma de acabar el curso, aunque tratan de hacer lo que pueden con lo que tienen. Hay muchos, como Blanca Donat, de 21 años, estudiante de Comunicación Audiovisual, que intentan mostrarse optimistas ante esta situación. “La tecnología nos está dando la vida para seguir conectados a distancia. Gracias a ella podemos terminar el curso. Podemos vernos. Podemos hablar. Podemos mantenernos informados”.