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Un paseo virtual para desconectar

La realidad virtual suele asociarse al mundo de los videojuegos. Sin embargo, las gafas que se emplean para derribar naves o ganar batallas tienen aplicaciones muy útiles en el campo sanitario: pueden ser el arma para combatir las sesiones de quimioterapia a las que los enfermos de cáncer se enfrentan. 

¿Algunos apuntes antes de empezar?

Según María Helena Huertas, médico interno residente de Oncología Médica en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, lo más frecuente es que el tratamiento de quimioterapia provoque cansancio, náuseas, vómitos, úlceras en la boca, diarrea o estreñimiento, y alteraciones hematológicas como la anemia.  A nivel psicológico, los pacientes se ven afectados por el cambio de rutina al tener que acudir con frecuencia al hospital o permanecer horas en el hospital de día, donde pueden quedarse incluso ingresados. También es habitual experimentar ansiedad, sentimientos de ira, miedo y, en determinado casos, depresión.

La duración de las sesiones de tratamiento puede variar entre treinta minutos y ocho horas, dependiendo del tipo de quimioterapia. “Muchos pacientes aprovechan ese tiempo para leer, hacer pasatiempos, escuchar música o incluso trabajar con su ordenador portátil”, comenta la doctora Huertas. Sin embargo, indica que a veces es difícil lograr una verdadera distracción debido a la ansiedad o el dolor que genera el tratamiento.

¿Qué pintan las gafas de realidad virtual?

El proyecto surge de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). La fase piloto se desarrolló en el Hospital Clínico San Carlos a mediados de diciembre del año pasado. El objetivo, desde entonces, es claro: reducir el impacto del tratamiento o terapia en el paciente con el fin de mejorar su adaptación y la de sus familiares a la enfermedad. 

Además del hospital de Madrid, Pamplona ha sido la segunda ciudad que ha puesto en marcha la experiencia en el Complejo Hospitalario de Navarra. Actualmente, se encuentra en una fase de prueba, pero la Asociación aspira a que el servicio sea estable. 

María Emmanuel, quien tras haber padecido un cáncer comenzó  su labor como voluntaria de la AECC en Navarra, asegura que los pacientes del hospital de día son los que más tienden a probar las gafas: “Son los que están ocho horas en la cama, muy aburridos y, aunque no tengan mucha movilidad, los que más se animan. En radioterapia, en cambio, no está funcionando porque el tiempo de sus sesiones es mucho más reducido”. Sin embargo, la meta a corto plazo es que el servicio pase a utilizarse en planta, donde los enfermos tienen completa movilidad y podrían emplear las gafas sin peligro de que las vías ni el cableado sean un impedimento.

¿Qué se ve a través de ellas?

Las gafas transportan a los pacientes a paisajes que transmiten calma. Acompañados por una voz que les guía en todo momento, realizan una especie de “viaje relajante”. Por ahora, las gafas ofrecen tres opciones: un paseo por el bosque en el que solo hay que escuchar, una mascota con la que el paciente debe interactuar y un juego de pesca, que apenas se utiliza porque requiere mucho movimiento. 

Sin embargo, El Mundo de Gaya es el juego que se está analizando desde Madrid. Aún no lo ha probado mucha gente en Navarra, pero, según María, “ha sido un éxito total” entre los pacientes, ya que se realiza sentado y no requiere movimientos bruscos. Se trata de un paseo en un avión de papel que va por el cielo, mientras van apareciendo diferentes escenarios. Cabe la posibilidad de utilizar las gafas junto a unos mandos y una luz que se activa solo con mover la cabeza. 

Al principio del juego, los pacientes deben contestar a una encuesta en la que se les pregunta por su estado de ánimo y su grado de dolor: esto ayuda a monitorizar los cambios que el paciente va teniendo durante los diez minutos que dura la actividad. Este seguimiento es importante porque puede ayudar a generar mejores contenidos, adaptándolos a las necesidades existentes e incluso a las no contempladas todavía.

Y mientras, ¿los voluntarios y el personal sanitario qué hacen?

Guiar a los enfermos a los que les resulta invasivo el empleo de las gafas: “Puede haber personas mayores que se mareen rápido, otras con poca movilidad o, incluso, personas con gorro o peluca que pueden sentirse incómodas ㄧasegura Maríaㄧ. Así que, en esos casos, no se les agobia para que utilicen las gafas”. Es conveniente detectar los efectos secundarios que el paciente está experimentando para no abrumarle ni provocar que la experiencia con las gafas acabe siendo negativa. 

Según la doctora Huertas, al entenderse el cáncer como algo serio, donde no hay lugar para el entretenimiento, lo más importante es explicar los beneficios de las gafas antes de que se las prueben. Aun así, asegura que “la mayoría de los pacientes y familiares acogen las gafas con optimismo, ya que para ellos es una distracción y eso, en quimioterapia, siempre es algo útil y bueno”. Además, insiste en que los familiares también son pacientes porque cuando una persona cae enferma, todo su entorno se ve afectado, “y no hay que olvidarse de ellos”.

¿Hay resultados?

Según los datos que aporta la propia AECC y las pruebas realizadas en Madrid, el uso de las gafas de realidad virtual ha logrado disminuir en un 84% la sensación de dolor y en un 26% la ansiedad antes del tratamiento. Además, el 88% de las personas que las han utilizado aseguran haber tenido la sensación de que el tiempo había pasado más rápido. La voluntaria recomienda que su uso no exceda de los diez minutos e indica que “al final de la actividad, se le pregunta siempre al paciente cuánto cree que ha durado”. Así se valora si la experiencia ha sido o no gratificante.

No obstante, Huertas asegura que, hasta el momento, no se ha demostrado que el uso de las gafas de realidad virtual se relacione directamente con un mejor efecto del tratamiento de quimioterapia, pero “cabe pensar que, si dichas gafas mejoran la tolerancia a la quimioterapia, la adherencia al tratamiento será mayor y, con ello, aumentarán las probabilidades de alcanzar una mayor eficacia”.

Mientras se utilizan las gafas de realidad virtual puede que algunos pacientes se mareen o lleguen a tener náuseas, según explica María. Además, tras los diez o quince  minutos de la actividad, el paciente puede sentir cansancio visual o pesadez por el uso del aparato. 

¿Gafas made in Spain?

Según la voluntaria, es la primera vez que se utiliza este tipo de tecnología en las sesiones de quimioterapia en España y, además, en la sanidad pública: “Hemos visto que es complicado utilizarlas porque son muy sensibles, pero lo que más valoran los pacientes es que el servicio no les cueste nada”. Ahora hay dos gafas disponibles en el Hospital de Navarra y, aunque son suficientes para el servicio, se prevé implementar alguna más. 

Sin embargo, aunque el uso de las gafas en pacientes sea pionero en España, el 30% de los hospitales estadounidenses ya utilizaban este tipo de tecnología en el ámbito médico. Según un reportaje publicado en Xataka, hace más de un año se empezaron a emplear en el Hospital Infantil de Colorado gafas de realidad virtual para distraer y aliviar el dolor de determinadas operaciones quirúrgicas, lo que sirvió para reducir el tiempo de recuperación y de uso de medicamentos tras la intervención.

¿Qué podemos sacar en claro?

Que la realidad virtual es un ejemplo más de cómo las nuevas tecnologías se van adaptando al campo de la medicina, no solo a nivel fisiológico, sino también a nivel psicológico: un reflejo de cómo la tecnología puede hacerte más humano

By Aida Rey

Estudiante de Filología Hispánica y Periodismo en la Universidad de Navarra. Me gusta leer, bailar y conversar. En mis ratos libres aprovecho para tomarme un café con la gente que quiero.