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Entre dos mundos

La realidad virtual abre las puertas a mundos de experiencias totalmente inmersivas: hace que el usuario viva sensaciones que pueden llegar a confundirse con la realidad. Puedes usar la realidad virtual para visitar el Metropolitano en Nueva York, ver el Taj Mahal, colgar una obra de arte de Van Gogh en tu salón… y hasta para consumir pornografía en 360 grados. ¿Cómo es posible? Dos hermanos españoles, David y Javier Rodríguez, han creado la primera empresa que difunde este tipo de contenido en España. VirtualPorn360 apuesta por llevar estos contenidos a Oculus Rift, Samsung Gear y otras gafas de realidad virtual. 

No obstante, varios psicólogos y sexólogos advierten de que el uso de esta herramienta puede provocar problemas para diferenciar fantasía y realidad. Estas aplicaciones permiten que uno desarrolle sus fantasías en una ficción audiovisual y se deje llevar por su imaginación hasta el punto de que la frontera entre el mundo virtual y el real se difumina. En este contexto, dicen los expertos, se hace especialmente necesaria la educación sexual. “El porno no está creado para educar”, comenta Lola González, sexóloga y psicóloga del Centro Borobil, quien nos advierte de que existe el riesgo de tomar la pornografía como una referencia real de la sexualidad. Más aún cuando para muchos adolescentes es una principal fuente de la materia.  

España ocupa la decimotercera posición en el ranking de países que más pornografía consumen, según Pornhub. Más de la mitad de los usuarios tienen entre 25 y 44 años. Lo hacen durante una media de ocho minutos y nueve segundos cada vez que lo consumen. ¿Y qué miran? Últimamente lo más buscado en PornHub es todo aquello relacionado con la realidad virtual y vídeos en 360 grados. 

Espera, ¿cómo funciona esto de la realidad virtual?

Para entender mejor cómo funciona el asunto, en Shift hemos hablado con José Delgado Periñán, CEO de Augmented Reality Art Network (ARAN) , una compañía que busca tender puentes entre el mundo del arte contemporáneo y la sociedad a través de la realidad virtual y aumentada. “Desde un nivel perceptivo, recibimos señales del exterior a través de los sentidos”, explica Delgado. “Si dedicas todo el sentido de la vista a la realidad virtual, significa que lo tienes anulado y sustituido por otro entorno. Entonces, tu mente piensa y reacciona ante los elementos que hay en ese otro entorno que ves. Tu cerebro se lo puede llegar a creer”, apunta el experto. A pesar de saber que lo que ves es irreal, hay momentos en los que no eres capaz de distinguir la realidad de la ficción. 

Delgado lo resume en cuatro palabras: “Engañar a la mente”. Explica que “cuando estás viendo una pantalla, por mucho que te metas en la película, tu cerebro continúa en un entorno físico. A través de la tecnología de la realidad virtual, logramos ofrecer inputs al cerebro que conforman una nueva realidad de alguna manera”.

El entorno tridimensional que genera la realidad virtual y con el cual interactuamos no es como el que experimentamos cuando vemos Avatar en 3D. Las películas con este efecto ofrecen un vídeo pregrabado que se ve desde un solo lugar fijo. La realidad virtual genera un escenario 3D en tiempo real que puedes explorar libremente con solo mover la cabeza. Y aunque todo esto parezca caro, se consigue fácilmente. Para disfrutar de la realidad virtual, solo hacen falta unos doce euros. Sin embargo, si se busca algo de mejor calidad, se puede acudir a las gafas de Samsung Gear VR, que cuestan 99 euros, o a los Oculus Rift, que llegan a los 699 euros. 

¿Cómo es la pornografía en realidad virtual?

La interactividad es la clave. Los vídeos pornográficos son filmados desde una perspectiva en primera persona. Después, son codificados para que las imágenes vistas en pantalla se correspondan con los movimiento que hace el usuario. 

¿El resultado? Sentir que la persona con la que se interactúa está enfrente e incluso se puede mantener el contacto visual. La pornografía de la realidad virtual convierte al espectador en actor. Delgado nos cuenta que “esto es una forma avanzada de consumir el porno convencional” y que se puede hacer gracias a “cámaras de 180 y 360 grados, que permiten grabar lo que hacemos en el mundo físico, y han facilitado a cualquier productora de cine X modesta poder generar contenidos para este medio”.

El contenido generado suele estar filmado desde un punto de vista masculino. Enfrente pueden aparecer personas, animaciones, monstruos, avatares reactivos y hasta estrellas pornográficas. Además, se puede acompañar la experiencia con diferentes accesorios que sensibilizan más el asunto. “Este elemento creo que va a ser decisivo para que mentes imaginativas puedan crear experiencias interactivas, mucho menos explícitas, más relacionadas con el erotismo y con un porno que también pueda servir a personas con una perspectiva del sexo más sensible, respetuosa y feminizada”, afirma Delgado. Algunos juguetes compatibles con la experiencia incluyen los teledilldonics y fleshlights

¿Y qué puede tener de malo?

El psicólogo sanitario David de la Torre, de El Prado Psicólogos en Madrid, asegura que la pornografía a través de la realidad virtual puede generar confusión: “Cuanto más se parezca a una realidad, más potenciales problemas podrá traer a nuestra realidad”. Y pone un ejemplo: “Cuando tienes un sueño muy vívido, te despiertas un poco desorientado porque puedes plantearte la posibilidad de si ese sueño ha pasado realmente o no. Llega un momento en el que puede tener tal implicación emocional, tanto detalle, que puede ser que se parezca a momentos o situaciones de tu vida real”. De la Torre advierte que, en el fondo, el verdadero peligro es no saber establecer el límite entre lo que es real y lo que no lo es.

Yo sé diferenciar lo real de lo virtual

Es lo que podrían decir algunos consumidores de pornografía. Claro, pero, aunque se logre diferenciar, cabe la posibilidad de que se tome la pornografía como un ideal de cómo debería ser la realidad, “un referente”, según la sexóloga Lola González. Es el riesgo cuando se recibe “educación” sexual de un modo informal a través de  internet. Para evitar riesgos, ella apuesta por una mejor educación sexual.

¿Cómo es la educación sexual hoy?

La mayoría de adolescentes españoles tienen su primer noviazgo a los 12 años y su primer encuentro sexual a los 15, según el estudio Relaciones afectivas y sexualidad en la adolescencia realizado por la Liga Española de la Educación. Sin embargo, la educación sexual no es una asignatura en la agenda escolar española. En 2002, la Organización Mundial de la Salud instó a los países europeos a iniciar programas de educación sexual a partir de una temprana edad. España aún no tiene en cuenta estas leyes de educación en sus currículos educativos. Entonces, ¿dónde acuden los jóvenes a buscar información sobre el sexo cuando no se les enseña? La respuesta: internet. 

En los sitios donde sí se imparte una educación sexual, Lola González comenta que se trata de una formación adecuada, pero escasa: “Nos dicen qué tenemos que hacer y cómo tenemos que hacerlo, que debemos de ser preferentemente hombres y mujeres, de unas determinadas edades y tener un determinado tipo de encuentro”. Según esta experta, hace falta una educación sexual, a nivel nacional, aún más completa para los jóvenes. Preguntamos a González qué considera que se debería de añadir a este tipo de educación: “Primero, que te conozcas, que te descubras como ser sexuado, que te aceptes, aceptes tu sexualidad. Y luego que la expreses y, al hacerlo, tengas respeto contigo mismo y con quienes te encuentres, así como consentimiento. Fundamental. Eso es la base de la educación sexual”. David de la Torre, psicólogo sanitario, también hace hincapié en los tres pilares de una relación: la confianza, la intimidad y el respeto. 

Entonces, ¿hay peligro?

Según Fight the New Drug, una ONG estadounidense, la pornografía en exceso hace daño de tres maneras: afecta al cerebro, a la sociedad y a las relaciones. El consumo de pornografía sin una base también puede llegar a causar una gran desinformación. Lola González nos recuerda que la pornografía es como una película: “No son realidades. Igual que sabemos de sobra que no existe Superman, la pornografía es exactamente lo mismo”. Dentro de estas películas, “se crean falsas expectativas, falsos estereotipos, roles de hombres, roles de mujeres”, agrega la sexóloga. Entre las ideas distorsionadas, Cristina López del Burgo, profesora titular en el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Navarra, menciona estereotipos machistas, como que el hombre puede disponer de la mujer cuando quiera y ella deba responder a sus demandas, o que el sexo con violencia, lo que ella denomina “erotización de la violencia”, es una práctica habitual. 

¿Puedo convertirme en un adicto?

La adicción a la pornografía es similar a la drogadicción: aquellas personas enganchadas al porno reaccionan de la misma forma en la que lo hace un adicto a las drogas. López del Burgo afirma que “la pornografía fácilmente acaba produciendo adicción porque son estímulos potentes, que van creando un sistema de recompensa: cuando hacemos algo placentero, se libera en el cerebro, entre otras sustancias, la dopamina, que nos produce placer. Entonces, lo repetimos y repetimos y repetimos. Así es muy fácil pasar a un consumo adictivo”. 

David de la Torre añade que el detalle que ofrece la pornografía en realidad virtual puede potenciar las implicaciones emocionales y adictivas porque “estamos mejorando la calidad de la droga y, por lo tanto, también se está produciendo un mayor potencial de adicción”. Y cada vez la experiencia parece más real.