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Una casa verde

El 2020 es el último año para alcanzar las metas establecidas en el segundo periodo del Protocolo de Kioto. Hace 23 años, los países industrializados acordaron reducir su emisión de gases de efecto invernadero y, en el primer periodo del protocolo, Europa prometió disminuirlos un 8% antes de 2012. Sin embargo, España tenía una situación especial por ser un país que se industrializó más tarde, por lo que le fueron permitidas ciertas licencias. Por ese motivo (y por la compra de derechos de emisión de gases), la teoría dice que España cumplió con las “reducciones”, pero la realidad es muy distinta. 

Al ver que faltaba mucho trabajo por hacer, en 2013 empezó oficialmente un segundo periodo cuyos objetivos eran mucho más ambiciosos. La Unión Europea se comprometió a reducir sus emisiones un 20% respecto a los niveles de 1990. En concreto, para España eso implicaba atenerse a las medidas impuestas por el Parlamento Europeo para disminuir las emisiones de CO2 de los sectores más intensos en el uso de la energía, entre los que destacan generación, refino, siderurgia, fabricación de cemento, vidrio, papel y cartón. Además, España debía tomar medidas propias para reducir un 10% las emisiones comunitarias del país antes del 31 de diciembre del 2020. ¿Se llegará a la meta? Lo único que tenemos claro es la incertidumbre. 

¿Por qué mi casa contamina tanto?

Hay varios motivos, pero el principal es que el gasto energético de los hogares españoles es muy alto. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE) hizo un estudio con más de 9000 entrevistas y 600 mediciones presenciales. Estos fueron los nocivos resultados:

  • El hogar español promedio gasta 900 euros en energía al año. 
  • La calefacción es lo que más consume. El 50% de esa energía se va en calentar tu casa los días fríos y los días en los que tienes frío, que no es lo mismo; 71% para los de Burgos, por lo evidente. 
  • En segundo lugar tenemos los electrodomésticos. Tu frigorífico es el rey del gasto, y el orden en la línea de sucesión es: el congelador, la televisión, la lavadora, la secadora y el lavavajillas. Mención honorífica: todos los aparatos “apagados”, esos que no usas pero tampoco desconectas, son el 2.2% de tu gasto energético anual, el mismo gasto que hace tu ordenador. 
  • La medalla de bronce es para el agua caliente y el cuarto puesto para la cocina. 
  • Finalmente, la iluminación se lleva el quinto puesto. En el hogar español promedio se pueden encontrar 23 bombillas, de las cuales solo 7 son de bajo consumo.
  • Por todos los gastos anteriores, más algunos otros, cada hogar consume lo equivalente a casi una tonelada de petróleo al año. Imagina que te cae encima. Sería trágico.  Y ese solo es el promedio. De acuerdo con un informe presentado por Oxfam, en la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP25), el 10% de los hogares con más dinero consumen más energía y emiten más del doble de CO2 que el 10% de los hogares más humildes. 

¿Ideas para solucionarlo? 

En el 2013 se puso en funcionamiento una medida para que todas las viviendas nuevas o en alquiler consiguieran un certificado energético expedido por el IDAE. Este certificado clasifica los edificios y las casas. En el peor de los casos, las construcciones energéticamente menos eficientes obtendrían G; y en el otro extremo, los más eficientes pueden obtener A. Ante esta situación, un término que ha ganado popularidad en los últimos años es el de “casa pasiva” (pero no agresiva). La primera casa pasiva se construyó en 1991. Fue invención del físico austriaco Wolfgang Feist, quien se planteó que tal vez las casas no necesitaban calentadores, chimeneas o aires acondicionados si se hacían de manera diferente. 

Según la Asociación Internacional de Casas Pasivas (iPHA), una casa pasiva es aquella que consigue un consumo muy bajo de energía (reduciéndolo, en algunos casos, hasta un 90%). Este tipo de hogar requiere 1 litro y medio de gasolina para calentar cada metro cuadrado, mientras que una casa normal puede llegar a necesitar de 6 a 10 litros de gasolina para la misma superficie. Aunque puede variar un poco dependiendo del clima donde se construya, hay seis reglas básicas que toda casa pasiva sigue para lograr reducir su consumo energético:

  • Tener un buen aislamiento con materiales que no permitan que la temperatura exterior afecte la temperatura interior.
  • Que su construcción sea hermética para que no haya corrientes, de modo que aire templado o caliente que hay dentro de la casa no pueda salir, y el aire frío de la calle no pueda entrar. 
  • Prevenir puentes térmicos, es decir, las zonas en las que el calor se transmite más fácilmente, por lo que entra y sale de la casa sin que nos demos cuenta. 
  • Poner ventanas de triple panel para asegurar un mejor aislamiento.
  • Construir con la orientación correcta para que dé el sol en invierno y tenga sombra en verano. 
  • Contar con un sistema de ventilación con recuperación de calor (conocido por sus siglas HRV): un dispositivo que permite traer a la casa aire fresco sin dejar salir el calor. 

Y si no puedo construirme una casa pasiva, ¿estoy condenado a contaminar por siempre?

Más de la mitad de los hogares españoles están en tu misma situación. Entrevistamos a la doctora Purificación González, quien se especializa en rehabilitación energética y sostenible de edificios. Nos explicó que el 55 % de las viviendas en España fueron construidas antes de 1980, “sin ninguna normativa que fije criterios de eficiencia energética”. Por lo tanto, aunque se han tomado distintas medidas para que las nuevas construcciones sean energéticamente eficientes, hace falta rehabilitar un gran número de edificios para poder alcanzar las metas establecidas en la Unión Europea para el protocolo de Kioto. 

González afirma que reformar una casa es rehabilitar lo que la envuelve: “Hay que dotar de aislamiento térmico a las fachadas, cambiar las ventanas por ventanas con rotura de puente térmico y vidrios dobles o triples, y aislar las cubiertas entre otras cosas”. Su segunda recomendación es mejorar los sistemas de producción de calor y frío, e introducir, dentro de lo posible, energías renovables.

Finalmente, en cuanto al factor económico, la doctora recalca los beneficios: “Supone una inversión importante, pero hay ayudas. Además, los resultados se notan de forma inmediata en la mejora del confort interior. Y no sólo térmico, sino acústico: se oyen menos ruidos procedentes del exterior. También se nota en la factura de energía”.

¿Mi casa pasiva es ecológica?

Normalmente hay confusión al respecto, pero la respuesta es no. Al vivir en una casa pasiva, puedes decir que llevas un estilo de vida mucho más ecológico. No obstante, para que tu casa sea considerada ecológica hay que dar un paso más allá. Alfonso Perkaz, arquitecto de Ecohouse, empresa de diseño y construcción de casas ecológicas en Pamplona, explica la diferencia: “Una casa pasiva se caracteriza por la alta eficiencia energética, pero no necesariamente por ser una vivienda saludable y considerada con el medio ambiente. Una casa ecológica prioriza la salud de sus ocupantes y el respeto por la naturaleza”. 

La clave está en usar productos naturales “de producción sostenible y reciclable”, argumenta Perkaz, de esta manera el efecto que tienen en el medio ambiente es menor. El arquitecto da el ejemplo de una casa construida con madera: “Una casa de madera es un sumidero de CO2, de bosques sostenibles. Por ese motivo el impacto ambiental es bajo, y es muy confortable y saludable”. Por el contrario, una casa construida con cemento, aluminio y plásticos, tan solo por la producción de esos materiales, tiene una huella de carbono mucho mayor. Y eso sin considerar que no aportan a la reducción de consumo energético una vez habitada la casa. 

La desventaja clara es el precio, ya que el costo de construcción sube por la calidad de la materia prima. Sin embargo, aunque la construcción de una casa ecológica puede suponer un gasto mayor de primeras, Perkaz enfatiza el lado positivo: “La demanda de edificios ecológicos crece en la medida en que crece el deterioro medioambiental y los problemas de salud de las personas. […] Las mayores ventajas de una casa ecológica son el ahorro energético, la salud del medio ambiente y la salud de las personas viviendo en ella. Suponen una inversión de futuro que se irá revalorizando cada vez más frente a las casas contaminadas y de alto consumo”. 

Corre la voz

Estitxu García lleva 7 años viviendo en una casa ecológica. La construyó con ayuda de Brizna Bioconstrucción, y nos cuenta qué la llevó a tomar esa decisión: “Me enteré de que existían las casas ecológicas porque mi responsabilidad a la hora de vivir me hizo ver que somos parte de la naturaleza, y no quería perjudicarla a la hora de construir una vivienda. […] Aparte, tenía claro que quería vivir en una casa que nos aportara en lugar de desgastarnos. Todo lo que te rodea te influye en la salud”. En cuanto a la complejidad de la construcción, García dice que no hubo inconvenientes: “A nivel administrativo no he tenido ningún problema: una vez que el arquitecto lo justifica, como es necesario, da igual de qué esté hecha la casa. De hecho, estos materiales tienen más fiabilidad y mayor durabilidad que el hormigón, que a los 30 años empieza a deteriorarse. Nosotros usamos madera, fardos de paja, cal y arena”. 

También nos describió las diferencias entre vivir en un piso común y en una casa ecológica. Antes sus facturas bimestrales de servicios como la calefacción le rondaban los 300 euros, pero pasaba frío. Ahora su casa se calienta mayoritariamente con el sol y casi nunca utiliza la calefacción, y cuando la usa, es de leña y biomasa. Aunque declara que no tiene necesidad de gastar mucho dinero para calentar la casa. En comparación con sus vecinos, que compran kilos de leña, ella compra “una ridiculez”. 

Además, García nos cuenta su opinión acerca de los aspectos más ventajosos de vivir en una casa ecológica. Por un lado, su vida ha ganado en gasto de dinero y ahorro energético. Ella decidió tomar las riendas y ser autosuficiente, por lo que instaló placas solares: no está conectada ni al suministro de luz, ni al de gas. Así que no paga ninguna factura: apostó por las placas solares y ahora vive de ello. Por otro lado, también ganó en temas de salud: “Cuando vives en ella [una casa ecológica] ves lo a gusto que te sientes, porque no te enfermas. No hay nada que perjudique tu salud. […] Hay una gran calidad del aire interior y se siente calidez. Cuando tú tocas las paredes de un piso o una casa común están frías. Las paredes de esta casa no”. 

Su decisión no pasó desapercibida. García dice que desde que vive ahí mucha gente la busca para preguntarle al respecto, y su red de contactos de personas que han optado por una vida más verde crece cada día: “Conocemos a más de 7 personas en la Llanada Alavesa viviendo en una casa ecológica. En la montaña de Álava otros tantos. Al final, es normal que la iniciativa de construir ecológicamente empiece a despertar en la gente por responsabilidad y por conciencia colectiva”. 

¿Y si no puedo construir o reformar mi casa?

No todos podemos construir de cero una casa amigable con el medio ambiente. Y llevar a cabo reformas para que tu casa sea energéticamente eficiente también puede ser caro. Sin pasta no hay fiesta, pero eso no quiere decir que te hayas quedado sin opciones. Hay varias cosas que puedes hacer para reducir la huella de carbono que deja tu hogar. Aquí las enumeramos, de la más complicada a la más simple, para que te vayas animando:

  • Instalar paneles solares: tal como hizo Estitxu Garcia, instalar paneles solares puede cambiar tu situación de “consumidor” y convertirte en “productor” de energía. Instalar paneles puede costarte alrededor de 6000 euros, y hay una gran variedad de empresas con las que puedes comparar servicios. 
  • Comprar electrodomésticos ahorradores: el frigorífico y la lavadora son los culpables de gran parte del gasto energético en tu casa. Pero con la maquinaria adecuada, de categoría A+ o superior, esa parte del consumo se puede reducir un 30 % (lo que se traduce en 75 euros anuales). 
  • Utilizar bombillas LED: puede ser que de entrada comprar focos LED sea caro, pero el ahorro es palpable. Un hogar con 10 bombillas tradicionales supone un gasto energético de 1,8 euros mensuales. Mientras que con 10 bombillas LED, se consumen apenas 22 céntimos. 
  • Desenchufar lo que no estés usando: desconectar aparatos como el portátil, la televisión y el microondas es una manera sencilla de reducir tu consumo energético. Estos dispositivos apagados gastan respectivamente 9 vatios (15 si está en modo hibernación), 6,6 vatios y 3,8 vatios (25 si se deja abierto). Al mes, se traduce en un ahorro de 11 euros. 

Aunque las casas pasivas y ecológicas se están volviendo tendencia, cambiar los patrones de consumo es el primer paso para reducir el gasto energético. Poner tu granito de arena es más sencillo de lo que parece.